domingo, 19 de octubre de 2008







Un murmullo de gente y música arropa a quien escribe con una cortina sonora, una sonosfera en la que garabatear agudizando la concentración; con furia, con pasión, arrebatado por el odio hacia las tragaderas del ser humano, con odio hacia nuestra impotencia, amor hacia nuestras posibilidades y rabia ante los mil y un engaños con los que nos acostumbramos a todo tipo de represiones y vejaciones. Ya decía Homero que lo terrible del hombre es que tiene un corazón que aguanta, mientras que hay ciertos animales que no son domesticables y que mueren al ser metidos en una jaula del zoo.


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